Esteban Mario Couceyro

El universo en fetas

El universo, cualquiera sea, debe estar hecho de instantes, finísimas fetas de tiempo y materia, que dispuestas en orden como las hojas de un gran libro..., que hacen la realidad.
La realidad, no tiene tiempo, es un saldo de lo ocurrido y por suceder.


Puede que sea así, una realidad, que refracta en un infinito de posibilidades, en un infinito de universos.

……………..

 

Pedro, terminaba la frase y se relajaba en el sillón, desplazando la cabeza hacia atrás, tensando la mandíbula mientras cerraba con fuerza los ojos desbordados por quemantes lágrimas.

 

A su mente, no acudían las ideas del tiempo, ni del universo. Desde hacía un tiempo, recurentemente las imágenes de ese fortuito encuentro, aparecían en su propia realidad.

 

Ese hombre corpulento de acento cubano, mulato de aspecto feroz, preguntándole – Tu eres Pedro –.

 

Aquella noche de otoño, regresando a su casa, notó que otro vehículo lo seguía.

Fueron por varias cuadras, angustiosamente, por su mente pasaron infinitos interrogantes, pero esa posibilidad que tanto temía le pareció desbordante de realidad, eran ellos y el interrogante del porqué subía desde su estómago ahogándolo de temores de dudoso desenlace. Pedro condujo hasta llegar a un descampado cercano a su casa, eran épocas difíciles y Pedro no quiso llevar un problema a las puertas de su familia, así que resignado estacionó el auto, mirando que el otro vehículo, paraba detrás de él.

 

Por el espejo retrovisor, Pedro observa que en el vehículo habían tres personas y una de ellas se apeaba desde la izquierda. Un bulto grande que supuso de poco menos de dos metros, vestido de traje oscuro.

 

Fueron momentos de impreciso temor, no podía oponerse físicamente, ni a uno solo de ellos, bajó la vista y el brillo del destornillador Phillips, llamó su atención.

Sin recapacitar, lo tomó con firmeza y se bajó del auto.

 

El hombre ya estaba a menos de un metro de Pedro, que con el pulso acelerado y la voz quebrada, le pregunta — Qué quiere — , buscando a los lados alguien que pueda ayudarlo, ante lo inevitable de la situación, mientras en su mano derecha, imperceptible el fino y largo destornillador, se ocultaba en la penumbra.

 

La soledad era absoluta, una fina niebla daba surrealismo borroneando las farolas, cercando la realidad a no más de diez metros.

 

— Qué quiere — repitió Pedro al límite de su angustia, las piernas querían correr en sentido contrario, pero solo podían temblar sin desmoronarse.

 

— Qué quiere--- dijo una vez más y fue entonces que el energúmeno con ese acento cubano le interrogó con voz imperativa y profunda, mientras se acercaba a pocos centímetros, — Tu eres Pedro — .

 

Los instantes parecían siglos, Pedro sentía el aliento alcohólico del mulato, mientras las enormes manos se dirigían a él, con la evidente intención de reducirlo.

 

Nunca supo cómo, su reacción surgió, la mano empuñando el largo destornillador, que entraba por debajo de la mandíbula, hasta el mango.

 

El hombre llegó a decir — Tu eres….P….---, desplomándose de rodillas, delante de él.

En ese momento, los otros dos hombres bajan y Pedro recupera sus fuerzas subiéndose al auto. Anduvo varios minutos dando vueltas aleatorias, observando si lo seguían.

 

Finalmente Pedro regresó a su casa, al pasar por el lugar, no vio nada anormal. Entró el auto y fue a descansar.

 

Su esposa, entre sueños le preguntó por qué tardó tanto…, Pedro huidizo, le contestó –Nada, me encontré con alguien--- .

 

Tras una noche en vela, invadido por miedos y culpas, pensando si el mulato se relacionaría con él…, qué diría. finalmente por la mañana buscó en las noticias, algo sobre un cadáver.

Nada de eso apareció y el paso del tiempo, fue diluyendo la inevitable duda sobre lo que pasó esa noche.

 

Solo de vez en vez, se cruza en la realidad, la figura de ese hombre corpulento, preguntando por él.

 

El universo, cualquiera sea, debe estar hecho de instantes..., un instante en la vida de un hombre, sin sentido ni relación natural. Imprevisible instante evaporado de la realidad, que puede regresar de la misma forma en que apareció esa noche.

Pedro intuía que eso sucedería inevitablemente, en algún momento de su próxima vida.