Xabier Abando

Encrucijada vital (Antes monja)



Esa absurda actitud, fría y distante,
que dejaste entrever el otro día, 
me hace temer que lo que más temía
haya llegado al fin para instalarse.
 
Me temo que esa extraña lejanía 
sea síntoma de un cambio de talante 
y que un trato glacial, seco y cortante 
arruine nuestra relación un día,
 
porque el cansancio y la monotonía 
la libre unión actual en atadura,
como la luz del sol en noche oscura,
por desgracia, quizá, trocar podrían.
 
Tal vez no queda en ti ya amor bastante,
no se si por mi culpa o por la tuya,
para hacer que un milagro restituya 
todo lo hermoso que vivimos antes
 
y antes de que el hastío te haga odiar
lo que antes deleitaba tus sentidos
y los bellos momentos compartidos
el ciego desamor te haga olvidar,
 
detente un momento a pensar y mira 
si nuestra relación vale la pena,  
si es una bendición o una condena
que pueda esto durar toda la vida.
 
Azarosa jugada del destino
nos pone en tesitura delicada;
nos hallamos ante una encrucijada
en la que solo caben dos caminos. 
 
La alternativa, simple, es “arre o so”;
no caben soluciones intermedias,
ni se hallan consultando enciclopedias:
O tiene esto futuro o se acabó. 
 
Medítalo y decide en libertad.
Si no hay amor y nuestra relación   
se tiene en pie por mera compasión,
mejor será dejarla en amistad.
 
Ojalá que decidas continuar,
en acto libre de tu voluntad,
pero si has de marcharte, vete en paz,
sin siquiera volver la vista atrás.
 
Gritar podré en silencio mi dolor,
mostrar en soledad mi desconsuelo,
rasgar mis vestiduras hasta el suelo,
tirarme de los pelos con furor,  
 
podré desesperar, llorar a mares 
hasta anegar la arena de un desierto,
mas una cosa puedes dar por cierto:
muy a pesar de todos los pesares, 
 
no voy a suplicar, no está en mis genes,
y, como ya me aconsejaron antes,
no se debe correr tras los amantes,
ni tras de los tranvías o los trenes.
 
El tiempo empapará como una esponja 
las lágrimas que asomen a mis ojos,
quedarán de este amor solo despojos 
y no querré que vuelvas; ¡antes monja!
 
© Xabier Abando, 21/03/2017