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Xabier Abando

Camino del Hades

 

Desprovisto de equipaje,
mísero como un mendigo,
nada llevaré conmigo
para aquel último viaje,

cuando, llegada ya mi hora,
la Parca cierre mis ojos
y abandone mis despojos
para partir sin demora,

en viaje de ida, sin vuelta,
con destino al Aqueronte;
allá, en su barca, Caronte
da porte a la orilla opuesta

a las ánimas errantes
que costeárselo puedan,
-otras opciones no quedan,
salvo algunas aberrantes-

Allá está el Hades postrero,
inframundo misterioso;
ante su puerta, furioso,
hace guardia el can Cerbero.

Entrar vivo es imposible,
salvo si eres Odiseo,
Teseo, Eneas u Orfeo;
estar muerto es exigible.

Si yo montara en la barca,
al Hades entrar podría,
pues ya el can comprobaría
que me despojó la Parca.

El óbolo del peaje,
para entregar al barquero,
es el sólito dinero
necesario para el viaje.

No queriendo llevar plata
ni poner pie en la barquilla,
me quedaré yo en la orilla
a vagar la intemerata,

por la ribera, carente
de todo afecto mundano;
no tendré a mano una mano,
menos aún de mi gente,

a no ser de un pordiosero,
del óbolo desprovisto,
no me ayudará ni cristo,
ni, claro está, el can Cerbero.

Cuál sería mi futuro,
si decidiera embarcar,
sin poderme contestar,
me pregunto yo a menudo;

ya tengo curiosidad,
por conocer, no adivino,
mi hipotético destino,
pues da la casualidad

de que hay secciones, también,
allá en el Hades, o Averno:
está el Tártaro, un infierno 
y el Elíseo, un edén.

Muchísimas dudas, sobre
la eternidad del Averno,
tengo yo, nada es eterno,
y mucho menos yo, pobre;

quizá es lugar transitorio
donde las culpas purgar,
o, siendo justo, gozar,
de algún modo obligatorio,

por alguna temporada,
en la sección pertinente,
como justo o penitente,
antes de dar en la nada.

Aunque me cabe dudar
de que allá estén todavía,
si entrara, me gustaría
poder ver y saludar

a Eurípides, Clitemnestra,
Aristóteles, Leucipo,
Epaminondas, Lisipo,
Sócrates, Fidias, Electra,

Alcibíades, Platón,
Pitágoras, Jenofonte,
Asterio de Negroponte,
Pericles o Agamenón,

como muestra y buen ejemplo
de personajes helenos,
por más que quién más, quién menos,
discutiría el elenco.

Yo ya no podré contar
esa experiencia futura;
a su propia desventura  
cada quién ha de esperar,

cuando, exento de equipaje,
mísero, como un mendigo,
sin llevar nada consigo,
emprenda su último viaje.

© Xabier Abando, 01/04/2018