Edwin Kenys Chacón

Arrebol de Plata

 

Los búhos solitarios y nocturnos
no conocen de amor y cariño, parados
en ramas secas,
ásperas y amargas y dolorosas,
de la muerte ellos no tienen temor.

 

El lobo que anda solo,
acompañado de la sabia luna,
nunca sintió en su pecho
el acervo de sentimientos
que la pasión acentúa,
noche es día, luna es sol,
agua es tierra y todo es amor.

 

Mi pecho de poeta noctámbulo
tampoco supo lo que es amor
hasta que el arrebol de plata llegó,
con alfolíes llenos de besos,
sembrados en brazos de marmol blanco
y caricias de ligero algodón.

 

Ahora ya no hay oscuridad,
ahora ya no hay luz,
ahora mi alma enamorada
puede llenar la despoblada noche
con copias del lucero andaluz.

 

¿Qué saben los lobos solitarios
y los búhos nocturnos de amar?

 

¿Qué sabe el mundo inquisidor
de aquellos ojos dorados
donde disfruto mi reflejar?

 

Arrebol de plata,
trajo el lucero matutino,
los jardines en mi cuerpo arropó
en su mañana de luz,
dígale, por favor, señor ruiseñor
que no se marche nunca,
que con él y su mármol blanco
comenzaron a florecer
los cerezos a su máximo esplendor.

 

¿Qué saben los lobos solitarios
y los búhos nocturnos de amar?

 

¿Qué saben las estrellas heridas
de la pasión extasiada que nace
cuando juntos en el Eros
nuestro latir compartimos?