Alberto Escobar

Corriendo

 

 

 

 

 

 

¡Hijos míos, que la orilla de la dicha casi os besa!
Apenas no habéis nacido cuando el cormorán del
desgarro está pronto al fatal acecho.
¡Venga retoños del amor, que el edén del descanso
está cada instante más próximo!
Ayer, en la oscuridad de la noche yacíais envueltos
en amarillo vitelo que os alimentaba, hoy ya adultos
en el bregar de la vida corréis con el cuello enhiesto
en pos de la supervivencia.
Os sigo esperando de este lado del abismo, infierno
salobre que os aclama cual si fuera el séptimo cielo.

Solo ellos pudieron contarlo.