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Alejandrina

Décimas para Violeta

 

Hay una viola canturrera

cosechando eternidades,

desnuda de vanidades;

no lo digo a la carrera

como loca aventurera,

si no con toa’ mesura;

el cucharon se me apura,

así que a paso de buey

de la prudencia la ley,

hablaré de una flor pura.

 

Violeta le puso el cielo

y Carmen la patroncita

Parra por su ño’ taitita

Sandoval por su desvelo,

su nido, luz y consuelo.

Allá en san Fabián de Alico

entre boldos y maticos

jugando a pata pelada

con sus trencitas aladas

creció como un abanico.

 

Pal norte y sur mi zorzal

te llevaron los caminos

y te llenaste de trinos

como canto de maizal,

de trigo, río, de arrozal.

Violeta agraria, artesana,

de la tonada la hermana,

hilandera, tejedora,

de las penas la cantora,

lucero de la mañana.

 

En las venas de la greda

tu galope de guitarra,

el búcaro de tu parra

como un sol de rosaledas

aún acarician sus sedas.

Madre de las arpilleras,

de la menta compañera,

amasandera de cuecas,

bailarina de las ruecas,

palomita mansa y fiera.

 

Como no amarte Violeta

y dar gracias a la vida,

si de todas tus heridas

floreció solo la veta

del folclor como cometa;

libre, santa, sin cadenas,

dulces versos de colmenas.

Cuánto sudor y trabajo

curvada pelando el ajo

sacando oro de la arena.

 

Cuando la lluvia sureña

tañe su llanto en el campo

y el copihue como un lampo

da campanadas risueñas

sobre el humo de la leña;

algo galopa en el viento,

algo de amor y lamento

en la sangre americana;

tu voz, tu canto besana,

cereal de sentimientos.

 

Alejandrina.