yito

CAMINOS.

 

 

 

Herido de nubes, ensangrentado el sol,

recuesta su tibieza entre mis sabanas,

y al verlas cubiertas de silencio,

se muere de tristeza en las  mañanas.

 

Y el lento reloj que gira, y gira,

va añadiendo sus penas, a la mía,

me culpan las paredes de no verte,

me matan poco a poco, cada día.

 

Ríos de lágrimas me surgen desde el alma

llevando en su caudal todos los trinos.

¡Que fría primavera es el delirio,

de andar sin tu amor por los caminos.!