¡Muero por un Verso!

CANDILEJA (SILVA)

La primigenia y tenue candileja

que alumbrara los rayos de la aurora,

que crece a cada instante y no se aleja,

 añora el tiempo aquél y lo mejora.

 

Me quema, me requema, me va abrasando y dora

el inmutable amor,

propósito del viento, -no la queja-,

que aumenta y nutre su calor

sobre mi corazón: famélico, indefenso,

como una catedral  de sólida argamasa

que acude el rayo tenso,

se asoma a la vidriera y la traspasa

sin sufrir menoscabo del incienso,

irradia su color, fuego que arrasa.

 

Mírame ardiendo, solitario y frío;

mírame, esposa, mírame

como una luz tornasolada,

como un soldado lúgubre y sombrío

que despiadado grita: ¡tírame

hacia tu lado izquierdo, del corazón, amada!;

constrúyeme un refugio que atesore la llama

y allí quedemos juntos,

terrenales..., presuntos

acólitos del tiempo en nuestra cama.

 

Que allí, difuminada, allí

forjaré tu sonrisa sobre granos de escarcha,

pasarán las mareas a rondar nuestra casa,

en velas de organdí

atraparé los vientos que acompañen la marcha:

crepúsculos sangrientos,

propagarán la brasa

como una luminaria,

¡celoso enamorado!,

como un reloj de púrpura incendiaria,

donde los dos seamos un solo ser amado…,

indómitos, sedientos.

 

Gonzaleja