alupego (Ángel L. Pérez)

SIGUE LA SENDA SECRETA

 

Sigue la senda secreta.
Aquella ruta sin nombre.
Leyenda de los amores,
enroscados en la niebla.

El débil se va aferrando.
A lo que tiene más fuerza.
El fuerte cede una parte,
esclavizando a quien llega.
Senderos que se transitan.
Sometiendo su entereza.

Libre se hace el miedo fuerte.
Manejando las conciencias.
Apretando los sentidos,
hasta dejarlos sin fuerza.
Una corriente difusa.
Entre las hambres sortea.
Temores que van minando,
su reprimida cabeza.

Sigue la senda secreta.
Sin olor, rostro ni muecas.
Pétreos de ponzoña llenos,
los atajos que se encuentra.
Una sombra que acompaña.
Presente en sus duermevelas.
El eco de las miradas,
rebotan en cada vuelta.

El miedo gana terreno.
Mientras la mente se acuesta.
Así libera las fuerzas,
que ocuparan las carencias.
Multiplicando sus huestes.
En sus manos proliferan.
Caudillos de sus miserias.
Van horadando el terreno,
para libar sus esencias.

Caminos de espinas llenos.
Salpicados de trincheras.
Donde se esconde la vida.
Siempre expectante y alerta.
Rodeada de jardines,
para que la vista aprenda.
Oculta en los matorrales.
Seria, burlona y traviesa.

Sigue la senda secreta.
Que a pesar de la penumbra.
Se descubren las respuestas.
En el fondo de la mina,
siempre existe una tronera.
A. L.
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