Nataly Olarte

A mi abuela...



Tus ojos ya cansados observan indómitos el transcurrir de la vida

que marcó surcos en tu rostro;

tus manos suaves y temblorosas son refugio para 23 nietos

cuyo amor ha coloreado tus cabellos de plata.

 

Besos bailan en tu frente buscando ser fuego para tu pecho,

mientras una voz bajita y serena cuenta la historia

de tu infinita ternura y tu escasa paciencia. 

 

¡Cuánto te admiro, mi vieja!

A ese corazón de guerrera siempre listo para enfrentar las más grandes batallas

 y salir triunfadora;

a esos pasos débiles que soportan con firmeza

la estabilidad de toda una familia;

a esas, tus palabras, tan resignadas, tan bondadosas,

tan valiosas, tan eternas. 

 

¡Cuánto te amo mi vieja! 

A tus brazos siempre prestos, a tu humildad vigorosamente ardiente,

a tus frases preocupadas, a tu sonrisa ya endeble,

a tu enseñanza perennemente viva, a tu esperanza inquebrantable,

a tu mirada pasiva, a tu bendición infinita,

 

a ti, a ti como a nadie.