Sabrina Walter

Inocente

Inocente. Eso fui, eso soy. El día que lo conocí, yo no lo estaba buscando, ni siquiera sabía que se me iba a presentar la oportunidad. ¿Cómo iba a sospechar que una noche de invierno, en una fiesta y con chicas que apenas conocía, iba a conocer al hombre que hoy en día parece volverme loca y hacer que quiera dejar mi cabeza atrás? Sí, hablo de mi mente porque mi cuerpo lo desea, quiere sentirlo. Pero mi mente tiene miedo. Tiene miedo de lo que pueda ocurrir, de que luego todo eso se convierta en dolor.
Sé que no es probable. Me dijo que nunca podría causarme dolor. ¿Y por qué confío en su palabra? Porque hasta el momento, todo lo que me ha dicho y prometido, lo ha cumplido al pie de la letra. Confío en él hasta el punto en que me siento capaz de entregarme enteramente a él. No es mi TODO, pero es una parte importante de mi vida. Cuando no puede estar presente, sus palabras me conforman. Sus mensajes son lo suficientemente fuertes para hacerme saber que él está ahí. Esperando por mí para verme una vez más. Ansiándolo.
Cada vez me era más difícil creerle las palabras. ¿Cómo era posible que alguien se interesara en mí? Mis dudas seguían allí presentes. Debía quitármelas de encima y mostrarme segura. Aún hoy en día debo hacerlo. Me da una sensación de incredulidad cada vez que demuestra quererme aunque sea solo un poco. ¡EL ME QUIERE A MÍ! ¿Quién lo diría? Mi hermanita no me lo creería si se lo dijera. De hecho, se lo digo y lo toma a modo de chiste. ¡Já! Si supieras que tu hermana tiene novio, o algo por el estilo. Lo que sea. Tu hermana tiene algo con un chico. ¡Tu hermana tiene algo! A tu hermana la quieren, la cuidan, la desean...
Todo lo que tengo para decir, y concluir este lo que sea, sí, mi vida está llena de \"lo que sea\", es que soy una persona sumamente feliz con lo que me ha tocado vivir. Lo bueno y lo malo. También he sufrido a consecuencia de ello, pero las victorias, a mi parecer, han sido más abundantes y fructíferas que mis derrotas.