Juan Pablo Perez

Susurrando su nombre en el silencio

Encadenado, atrapado en el silencio, mudo, sordo, ciego, permanecía inmóvil en las tinieblas, solitario...

Una fina capa de niebla recorría diariamente al rededor mío, sentía su suave y fría brisa acariciando mi piel como una mujer enamorada, tal vez ya me había acostumbrado a sentirla, día a día esperaba la mañana oscura para volver a sentir la suave brisa que me acaricia diariamente.

 

Pero desgraciado fue el día que pude sentir un rayo de sol entrar por la leve ausencia de la niebla, era cálido, abrasador y tan vivo... Lo único que me hacía pensar era en mi situación... No podía escapar.

 

Un día oscuro mientras me ahogaba en euforia de mi niebla, escuché a lo lejos, muy levemente el crugir de unas cadenas al moverse, como si hubiese un ser magnífico que pudo verselas para salir.

 

Al día siguiente mi frente no dejaba de sudar, el sonido al caminar que hacían sus pies estremecían mi ser lentamente, de pronto una lágrima cayó, cayó y retumbó entre el silencio inmenso que acogía el lugar, haciendo eco se detuvieron los pasos.

 

Pasaron segundos, minutos, tal vez horas, no lo sé, mi sentido del tiempo desapareció en el primer ciglo.

 

Nunca podré describir esa sensación, nunca podré saber lo que en realidad sentí, quedará marcado en mi mente por siempre... Qué momento tan maravilloso, jamás podría pensar que algo se sentiría mejor que la brisa acariciando me.

 

Una mano levemente tocando la mía...

 

De pronto las cadenas se rompieron a pedazos, me sentía prisionero de la libertad, me sentía tal vez en otra realidad, pero me pude dar cuenta pensando en mí mismo que... Nunca estuve sordo...

 

Llevo 2 días mal contados desde que soy libre, no logro escapar del miedo que me aprisiona ¿Sabré acaso caminar?

 

Maravillado quedé al oír su voz, cálida, suave, delicada y femenina.

 

Podría quedar ciego... Perplejo en mis pensamientos, atónito quedé al darme cuenta que mis ojos siempre estuvieron cerrados.

 

La luz que emanaba era de tal magnitud que mis ojos se encendieron en llamas, poderosos reflejos de luz dominaban mi ser lentamente mientras volvía a nacer...

 

De pronto susurré su nombre al oído en el silencio, encadenando mis miedos al pasado dije en voz alta...