Wellington Rigortmortiz

* El Cupido de la Muerte II

 

Kamikaze del amor,

el Ángel de la Muerte,

con su cruz

de dolor y esperanza,

trata de decapitar

con su guadaña sangrienta

todos los sentimientos

de nuestras almas,

el amor, en cruel

y despiadado mercenario

se transforma,

mostrando su otra cara

tan caprichosa, desalmadas

son todas sus estrategias,

pruebas de vida

que con tristeza ciega

miran a lo lejos al tiempo,

catacumbas tenebrosas

con sepulcros vacíos.

 

Estoy en el interior

de la habitación

en un psiquiátrico,

con una camisa de fuerza

aprisionando mi cordura

y mirando fijamente

hacia ningún lado,

soy ajeno

absolutamente a todo,

en especial, al amor,

pues el mismo, apiadándose,

me interno aquí,

en este sitio en el cual,

a salvo estoy de él,

“…mi libertad absoluta,

al interior de la prisión”,

paradojas e ironías,

aun siguen

existiendo en mi vida.

 

Soy un Ángel,

que usurpo el nombre,

la forma y el espíritu

de un ser humano

al caer del firmamento,

solo para tener

esos sentimientos

que inmortalizan a la vida,

solo para amar de la forma

que para mi estaba prohibida,

mi luz, engañada,

cruelmente fue absorbida

y extinguida por el corazón

corrupto del hombre,

muy caro pague

mi osadía ante Dios,

y este amor terrenal

tan hermoso, insensato

e inexplicable.

 

Con la cordura aprisionada

por esta camisa de fuerza

que es tu amor,

en el interior de un cuarto

frío, oscuro y vacío,

mi ente tristemente

se siente identificado,

…traicionado fui

por el cupido de este amor,

castigado con la muerte,

pero, misericordiosamente,

me permite vivir una paz

indiferentemente eterna

en completa resignación,

libre, en una prisión

con la cordura atada

por esta camisa de fuerza

que es tu amor.