Ron Alphonso

Un encuentro de corazones

Un encuentro de corazones  ( A Hilda Lucia )


Te encontré aquella lluviosa noche del 18 de agosto de 2015. 
Te vi... cabizbaja, solitaria, la lluvia que empapaba tu cuerpo, 
no llegaba a tu alma, caminabas sin sentirla. 
Te invité a compartir mi paraguas... mi soledad y mi frío. 
Apuraste tu primer café y el segundo... en silencio... 
te quité aquel mojado abrigo y le pedí al mozo, 
lo colocara en algún lugar donde tomara aire. 
Te cubrí con mi viejo sobretodo que para el caso, 
al menos estaba mas tibio. 
Las notas de un bandoneón desparramaban por el lugar, la cumparsita... 
que servia de fondo a la voz de Julio Sosa con: Por que canto así. 
Respeté tu silencio, pero lo aproveché para admirarte. 
Tu cabello húmedo, caía caprichoso sobre un rostro, para mi... perfecto. 
La mirada lánguida, perdida en el horizonte de tus penas 
con esos hermosos ojos, enmarcados por arqueadas cejas, 
te daban un aire melancólico y de gran dama.
Tus labios, me hicieron envidiar la suerte, del café que los humedecía. 
Carnosos, delicadamente delineados, 
aportaban la sensualidad a un rostro duro, pero agradable. 
Aspiraste profundamente, carraspeaste y me diste un, gracias, que entibio mi alma. 
Desde mi percepción de fisonomista curtido, 
describí lo que leía en tu cara, apenas iluminada por la mortecina luz del lugar. 
“Sonríes no por gusto, sino mas por la satisfacción 
de sentirte compartiendo la alegría de los demás.
Tu sonrisa es casi de monalisa a pesar de una dentadura bien cuidada.
Tus batallas, muchas de ellas perdidas, no han logrado derrumbarte,
ni acabar el ímpetu de mujer valiente y triunfadora. 
El corazón ha sido quizá el mas derrotado, 
la dureza en tu rostro, trata de esconder esa tristeza, la consideras solo tuya
y no quieres hacerla extensiva a quienes te rodean.
Perdona... si mis apreciaciones te molestan, 
es un ejercicio que no puedo evitar, 
cuando encuentro un rostro con tanta historia vivida. 
Mi total admiración y respeto a tí, a tu historia, a tu existencia. 
No eres muy afecta a los halagos, pero los mereces todos... por ciertos. 
Me destoco ante ti, mi Antioqueña dama”.
Dije con voz firme. 
Te sonrojaste. 
- me siento desnuda con tu descripción, dijiste. 
Mi obligado pudor se sintió tocado...el ruborizado ahora fuí yo. 
-Tengo tres hijos y la frustración de haber entregado 23 años,
a quien no me supo valorar. Afirmaste con un dejo de amargura.
Confirmé el porque de tu caminar bajo la lluvia. 
Hablamos tranquilamente, desahogaste sentimientos, te escuche atento.
La noche... se volvió alborada y cuando el tímido sol despuntaba en oriente,
salimos de aquel lugar, que nos sirvió de confesionario de penas y dolores.
Tomé tu mano y caminamos... sin rumbo... por caminar...
para celebrar, no estar solos un momento. 
Al llegar a la plaza del amor, 
compramos arroz, que esparciste generosa para alimentar a las palomas, 
te vi sonreir... mi alma también sonrió. 
Llenaste tus pulmones de aire fresco y bailaste dichosa entre tus aves... como una más... 
de haberlo querido, hubieras podido volar. 
Me senté en el piso y disfrute tu danza, 
te imaginé desnuda de penas y vestida de mis besos... 
cuando quedaste sola, tomaste mi mano y me pediste acompañarte a casa. 
Hubiera querido negarme a abandonar ese paraìso, donde por un momento,
vi la soledad derrotada por el amor y la alegría de tu presencia. 
Caminamos hasta tu casa.
Un balcón adornado con macetas de flores de estación, 
me enseño la mansión de la esperanza. 
Tomé entre mis manos, las tuyas... y las bese con ternura. 
Descansa tranquila, cariño, todo va a estar bien. 
Te quedaste inmóvil, vi una lágrima furtiva, brillar... tratando de liberarse. 
- Volveremos a vernos, te dije y me marché.
Muchas lunas han pasado, 
los dolores se mantienen, 
pero no han logrado opacar esa deliciosa belleza, 
ni borrar tu sonrisa. 
Sigues la lucha, ganándole a los dolores físico y del alma. 
Fortaleciéndote de Dios y del amor de tus viejos. 
Con la sonrisa de monalisa, labios carnosos y bien delineados, 
ojos almendrados y esas cejas, que te dan aire de diosa árabe. 
Rostro perfecto, que me mantiene atento. 
Hoy... como de costumbre, he pasado por tu balcón y aspirado tu fragancia 
y con mi beso enamorado, he lanzado a tu ventana, un encarnado clavel, 
para saludar tus juveniles... 56 primaveras. 
Volveré siempre, para beber nuestro café lleno de nostálgias 
y ahogar angustias, sumergido en el insondable lago de tus ojos.
Me destoco ante tí, mi preciosa dama Antioqueña.

Ron Alphonso –

17 de Enero de 2017