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kavanarudén

Desierto

 

Me adentré al desierto de mi vida.

Tuve temor, dudé antes de hacerlo. Mas era necesario, no tenía otra opción si quería encontrar el equilibrio en mí y las ganas de seguir viviendo.

El aire seco y cálido abofeteó mi rostro. Entrecerré los ojos para mirar lejano. Oteé el horizonte y después de un fuerte respiro comencé a caminar.

Me descalcé, porque quería sentir la arena bajo mis pies, no importa si estaba caliente o no, era lo que menos me importaba. Los pequeños granos se colaban a través de mis dedos dándome una sensación de desamparo, de soledad, de fragilidad intensa.

Nada en desierto, solo arena, sol, viento y tú. Tú con tu misterio, con tu miseria, con lo que eres en realidad. A nadie nada que mostrar, a nadie nada que decir, a nadie nada que ocultar.

Caminané y caminé hasta que el cansancio se apoderó de mí.

Tendido en medio de la nada dejo que mi alma vuele, que mis sentimientos se manifiesten y desgarren con su presencia.

 

Solo soy un sueño desvanecido.
Un ente que solo espera y espera
a que llegue la eterna primavera
donde el amor puro jamás se haya ido.


Un granito de arena en el desierto
Me confundo entre meros espejismos.
que se repiten, son siempre los mismos
Eterno, efímero soñar despierto.


Mi pobre ser solo encuentra consuelo
entre letras, colibríes en vuelo
que levantan mi existir de este suelo.


Quémame dentro la abrasante tinta
que desmorona mi esencia y la pinta,
un cuadro abstracto una vil, mera finta.