Alonzo Saravia

DESENFRENO

 

No le conocía, no sabía quién era, de dónde venía. No sabía su nombre ni sus apellidos y su edad. Conocía nada de ella y le sedujo llevándole con ella a sus pasiones internas rebosantes de locura.

A la distancia ella le veía y le sonreía sin mediar palabra. Él también le veía pero desinteresado. Es una joven muy sociable, de cualidades muy notorias y difíciles de pasar por alto. De estatura no muy alta y tampoco muy baja. De complexión atlética y muy proyectada. Su cabello es ondulado, sus ojos no tan grandes color café claro; tiene un lunar muy cerca de ellos que le hace lucir espectacular. Sus labios a cada que le veía son rojos parecidos al rubí. Él nunca imaginó lo que estaba por venir.

Un domingo por la noche ella escribió y comentó en que deseaba morder su lengua juntamente con sus labios, y él quedó imaginando ese momento se recostó a dormir, sin creer que pronto de ser una ilusión, en verdad pasaría.

Pasaron dos días y sucedió. Un día martes llegando las 12:00 hrs. Del medio día, Él se dirijo a por la comida de la tarde y le miró. Ella no pudo evitar sonrojarse (claramente recordó lo que anteriormente había escrito y también él lo hizo), caminó muy cerca de ella no pudiendo evitar la idea que ya se había marcado en mente… rosar sus labios y estrujarle muy cerca. Vestía Jeans ajustado al cuerpo color negro, botas medio altas color café y una blusa color marrón; que le hacían lucir muy atractiva.

Desde verla hasta salir del lugar donde se chocaron, ella no detuvo su mirada y para ese momento tampoco él la suya. Minutos más tarde de salir, él escribió a su móvil:

          El: -¿Por qué me veías de la manera en que lo hacías?

          Ella: -Porque paso por mi mente lo que antes escribí y lo vi tan real.

          El: -También lo imaginé.

          Ella: -¿Quieres que sea solamente una imaginación? O ¿quieres que sea real?

          El no tardó en preguntarse: ¿Qué hombre no quisiera eso?

          El: -Quiero que sea real.

          Ella: -Entonces en qué lugar nos encontramos.

¡Que locura!. Hallaron un lugar escondido de las personas cercanas. Dieron las 17:00 horas del día y ella llegó emocionada y nerviosa al lugar que acordaron, Él tembloroso de verla tan cerca y pensar en lo que podría pasar, quedo pasmado. Se vieron, rieron uno del otro; se alejaron por un momento y luego se encontraron y los besos desenfrenados surgieron. La pasión de aquella mujer inundó el lugar donde se hallaban escondidos.

 Él le tomo  de la cintura, la forzó muy cerca de sí y ambos perdieron el control. Ella besaba con tal desenfreno que le mordía los labios hasta desgarrarlos y  Él no pudiendo contenerse, posó sus manos en sus caderas; le miró fijamente a los ojos  y de nuevo desbordaron en pasión. Ambos estaban extasiados y locos que cayeron al piso, Él sobre ella, y continúo besándole, esta vez le besaba el cuello y le acariciaba el alma con las manos.