Adrian Labansat

INCENDIOS QUE NO QUEMAN

El fuego que arde adentro, no quema, ni desfigura,

inicia desde unos labios hasta una despedida,

después del incendio le vieron irse en un taxi,

había miradas corriendo tras de él,

esa noche, la lluvia se apoderaba de unos ojos,

desaparecían sueños sobre el asfalto,

nadie recordara la geografía de aquellas calles,

las únicas evidencias serán luces sobre sombras

y el sonido que hacen las lágrimas

junto a los árboles perdidos en medio de la noche,

manecillas a medias señalan el final del acto,

la gente sale del teatro, la función ha terminado,

el telón se dispone a cerrarse y a olvidarlo todo

mientras se abren heridas que no cerraran nunca,

estará dispuesto un café 24 horas

donde beberán los insomnios,

el crepúsculo sobre la banqueta

aborda el transporte nocturno,

por sus ventanas unas mariposas ríen

vestidas con pantalones ajustados y rojos

con rumbo a la frontera de la madrugada,

donde la estrella más lejana será la única brújula

para volver a casa con la soledad por sombra.