Sergio Jacobo "el poeta irreverente"

Nublados

 

 

No he de acudir a la cita ya, avieso

dejé ya la parranda lo mismo que el derroche,

y ya no soy en que su paz nívea trasnoche

ni en bocas de mujer dejo mi beso.

 

Me olvidé del cigarro que pende de mi boca

aquél que yo encendía en un bohemio acoso,

¡cuánto humo en ambiente! ¡Cuánto reposo!

Qué olvidarlo ya quiero y me desboca.

 

Camaradas quizás (nunca falte en la tropa)

Serán mis poemas  los que hablen en mi nombre,

un día y, otro día pasarán aunque asombre

de hecho –estaré  muerto-  ¡ levanten una copa!

 

Es inverosímil saber si hay lealtad en un vaso de vino

o aquél que te abrace o habla sin sentido…

el borracho que cree o piensa que ha vivido:

-es burlar el sendero-  si así fuera el destino.

 

No  amigos, no, no me separo de las noches sin vida

de los antros, los besos de las bocas divinas,

me alejo simplemente de brutales esquinas

para dejar que sangre una reciente herida.

 

Me gustaría sentirme olvidado por un rato

saber que nunca estuve y dejar mis poemas

como huella caliente de ánimas extremas

más no como un cáncer que infecte el omoplato.

 

Por eso si he dejado desmadres y alborozos

para cuidarme un poco y morir olvidado.

No ha sido por sentirme más o menos amado

o buscar en mi vida quizás algunos gozos.

 

Prefiero la soledad por la que ya  me obligo

por la que lloro a veces o sonrió  sin quebranto

la que sin vino y sin cigarro –siempre estuvo conmigo-

quien cerrará mis ojos cubriéndome de llanto…