Se ofusca el cristalino río,
con el cielo se confunde
y a la distancia me atrapa
su índole de pureza.
La ebria mañana se acaba,
llegó el brillante fervor
que poco a poco se entraña
con atinado rigor.
Perdido, me pregunto:
¿Estaré percibiendo un sueño?
De pronto entras y se abre el telón,
sólo fue el frío río en mi sueño.
Comprendí que te quiero
a breve distancia, todas las mañanas,
lánguida o eufórica como las olas
e inconfundible como el alba.