Jose Maria Gentile

No te olvidaré

Soltaron perdices los pastos secos
temblaron un rato desperdigadas por el estruendo
y entre las matas, los pasos cínicos del miedo
avanzaron voraces cubriendo de sangre sus atuendos.
 
La ruta se hizo un riacho de  nieblas,
la herida crujió en su costado,
la luz de los focos alumbraban de a ratos,
y melodías acompañaron las tinieblas
de su almidonado cuerpo perforado.
 
Su último quejido de ojos abiertos
tierno de diminutos alaridos,
depositó en mis oídos viejos
un sordo adiós de agradecimiento
y mis manos ya no pudieron
sentir el algodón de su pequeño cuerpo
sólo la calidez de su angelical instinto materno.
 
Fuiste querida Dolly
el monumento a la compañía en silencio
la defensora de cada rincón del hogar  y mas que eso,
el mensaje permanente de una calesita de plaza
repleta de seres pequeños
siempre dispuesta a ofrendarte con el corazón lleno
cual sortija de amor,
regazo de cuatra patas,

en cada día de  lo que resta
 no te podré olvidar.

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