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El libro habla

En ese instante de gloria donde el cenit despunta con la luz muerta de las estrellas.
La noche se acerca cubriendo mis viseras con sus añoranzas y turbaciones.

Un parloteo sigiloso de moribundas luciérnagas se inclina y me besa.
Rodean mi aura con la calma de su última fracción de existencia.

El tartamudeo del libro en el rezago al pasar de páginas y frases dolorosas, suicidas.
La soga de la naturaleza envuelve mi tráquea, aflige con sus fauces mi nostalgia.

Este deseo de trozar el alma, arrancarla para desecharla en un cosmos maldito.
Donde la muerte sea otro tipo de destino.

La luz ciega mis pasos, la muerte evade mis intentos de conquistarla y enamorarla;
las luciérnagas se contagian de mi enfermedad, pero ellas mueren, desflorecen en el mar.
El libro queda abierto y dice “ya no puedo más”.