andrea barbaranelli

No se entiende por qué

                                                                    a Carmen

 

 

No se entiende por qué no debería corretear

al igual que una niña arriba y abajo por la calle

aunque ya es una mujer

con sus secretos y trucos

que ya no juega a la rayuela ní salta la cuerda

sino que muy seria se dobla en su telar

entretejiendo y soltando los hilos de la urdimbre.

Ya no corre ni grita

como una niña indócil, rebelde,

sino que está sometida a la compostura del rol.

Solo sus ojos brillan y su boca ríe.

No hay siquiera un vago presagio de muerte

en sus gestos francos, en su paso seguro,

pero ya la muerte la ha agarrado por adentro,

la tiene apretada en su puño, la deseca y vacía.

No se entiende por qué

no corre hasta quedarse sin aliento

para escapar de la emboscada

que le han tendido; por qué

no grita con su voz límpida de antes

para que la ayuden a ahuyentar al asesino.

No se entiende por qué prefiere

encerrarse silenciosa en sí misma

y dejarse llevar sonriendo.

Es de veras difícil entender

cuánto fue feliz en el último momento

antes de dormirse para siempre;

cuánto fue luminoso su rostro

cuánto alegres sus palabras

cuánto llena de amor su voz.