RobertoFerreira

A Madre

 Me duelen las sienes al recordar 

tu cómplice y ancha sonrisa 

mas estoy aprendiendo sin prisa 

a recordarte sin que me haga llorar

el negro agujero de tu ausencia

Y he aprendido que la paciencia 

es quien me enseñará a andar

sin buscarte en cada cosa

sin escribirte en cada prosa,

quien a la vida me ha de empujar.

 

Cuando la trompeta suene 

de tu propio arcángel Gabriel,

acordarte habrás de aquel

a quien tu recuerdo le duele

y a tu paso no caminó 

porque un día se apartó 

de la fé que hoy no tiene.

 

Al dejar la lluvia en el aire su aroma 

y humedecer suavemente la tierra,

en mi cabeza habrá una guerra

sin armas sin paz y sin palomas;

y por última vez volveré a pisar 

con el deseo de poderte honrar,

aquel amado suelo que hoy abonas.