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BARCELONA

Va mi vida por la calle, paseando de tu mano,
repartiendo mi sonrisa entre voces de la tarde
y el carmín que traen tus labios.

En La Rambla, calle abajo, María Ponsa vende flores con aromas a verano,
y no he podido evitar la tentación de comprarte aquella rosa que faltó al aniversario.

Deme usted la más hermosa, la que luzca con su tallo.
Deme una que perdone mi torpeza, y que llene sus virtudes con aromas de nobleza.

La agarré con tanta fuerza que sus pétalos volaron,
a la plaza del Retiro, donde yo te vi bailando.

Y en ese instante, ocurrió que la flor se hizo arena,
y al mirar por la ventana las espinas se clavaron en la acera.

Y te busqué donde el destino da cobijo a la esperanza,
pero entre el ruido de los coches y las voces de la gente,
te perdí, por un instante, para siempre.

Y sonaron mil sirenas que llegaron de los mares de la muerte,
y las horas se pararon con la prisa de la gente.

Deme usted doña María cuatro rosa sin espinas.
Una roja del color de aquella esquina,
una blanca que coloque en su rostro al velarla,
una azul del color de los ojos que me amaban,
y una negra que me cubra el corazón de esta pena que me mata.