Enrico Sanguinetti

MACHU PICCHU: mensaje universal

 

Abriré las entrañas de tu tierra.

Separaré piedra de piedra.

Con lo bueno, encenderé el alma,

… cultivaré el tiempo que me calma. 


Del plomizo gris lejano,

reescribiré las notas y los acordes

que te inmortalizaron en sueños.

Extinguidas voces lanzadas al abismo.


Los imposibles, volverán a ser ideas,

Cruz del Sur, palabras que pueblan,

tallos y mensajes que se revelan,

pasiones encendidas en un cielo de estrellas.


Desde el Huayna Picchu, 

en un jirón de nubes, sin más formas

que las de anhelos y lágrimas,

llegarán voces que aún resuenan.


No serán quejidos ni llantos,

solo palabras y silbidos en vientos otoñales.

Apenas un rumor del frío que se acerca;

y con él, esperanzas que renacerán en cada primavera.


Ventilaré las historias de tus valles,

la triste historia de un pueblo olvidado,

el sonido de los templos y las paredes.

De la selva, el por qué del silencio exiliado. 





Por mucho tiempo, tu recinto

se cubrió de interminable sosiego.

Y el mensaje, como una tumba sin muerto,

pareció perderse en un instante eterno.


Con los años, lamentos lejanos

(de espíritus invisibles)

pidieron al sol y a la virgen

una oración diáfana y solemne.



Pachamama, mística Chakana,

Madre Tierra; puente cósmico.

Energía y materia, tiempo y espacio que dio

origen a la vida, los caminos y las terrazas.


Utopía modelada por los que fueron 

y por los que no pudieron.

Razas intermedias que, en vacilantes cuerpos,

siguen apagando la oscuridad que los atropella.


¿Es cielo o tierra, lo que en el aire se respira?

Almas solitarias, imposibles existencias,

acervo en repetidas canciones maternas.

¿Es espíritu en el reino o en la quimera?


No serás solo nube, ni montaña, 

ni brotes en las grietas de tus templos,

serás éste y todos los pueblos, con sueños

de media noche por un nuevo mañana.


En la mente del forastero

seguirás siendo: raza primera

que al cielo, el viento

aún lleva.​