andrea barbaranelli

Rasenna

Allá queda tu mito intransferible:

la maza enorme con que el Orco irónico

amenaza en la puerta de la tumba;

los hombres de las barbas triangulares,

casco de hierro y espadas resonantes:

la sangre derramada en la batalla

en el puente de tablas sobre un río;

la fabulosa creación del arco;

la indescifrable risa de los dioses;

el velero corsario eternizado

en la festiva magia del hexámetro;

las uvas reflexivas madurando

en el valle intrincado de los muertos;

el mar que acecha, inquieto, en tus orillas,

el camino del puerto hasta la acrópolis

en la luz abismada del verano;

la piel amoratada de las vírgenes

ardiendo en las tinieblas del sepulcro;

una agonía de lentas marejadas;

el azaroso juego del arúspice.

 

Allá queda tu sueño sin palabras:

en las líneas sonoras del paisaje,

en una clara intimidad de muertos.

 

Sobre la exacta cifra de los montes

brilla en el aire un agua de equinoccio.