Sentado a la sombra de la higuera
En la calma del campo
Veo en el lago tus ojos
Y en el bosque tu pelo enredado
Doncella lejana e imprescindible,
Cuando la luna se va a dormir
Tu imagen tallada en mis sueños, apacible,
Me queda mirando y no quiere salir
Me recuerda este frío crepitante
Que yo soy nubes y tú eres mar,
Que deben dar extensos pasos hacia horizonte
Para apenas poderse encontrar
Solo dame un beso en lo onírico
Para no extrañarte tanto
Y has del calor de tu cuerpo un nido,
De tu piel el cobijo de un tibio manto
Pues solo tú has podido llenar
Mi baúl latiente y sin fondo,
Navegando en mis secretos,
Solo tú ves lo que escondo
Y colmarlo de momentos, recuerdos valiosos,
Fusionando los fragmentos de aquel antiguo destrozo
Soplando la roca en mi pecho
Sacando la oscuridad del pozo
Al dar senda al camino maltrecho
Regalando a mis demonios un reposo.