Jesús Pérez Romero

EL JARDÍN DEL EDÉN

Árboles de hojas perennes y frutos de mil sabores

bañan sus pies descalzos en los ríos de aguas

cristalinas,

donde las bancadas de peces juegan con los reflejos

del sol

y besan cada mañana los labios de las gacelas

que bajan a beber luciendo sus graciosas figuras.

 

Manadas de animales viviendo e plena libertad

poblando un jardín, donde los manzanos

y las higueras

ofrecen a los dioses sus frutos más sabrosos.

 

En el centro acotado por un laberinto de plantas

aromáticas: dos caminos…

Un camino conduce a un mundo donde hombres

y mujeres viven en plena libertad.

Donde las higueras con sus frutos abiertos, 

colgando de sus anchas caderas

invitan a sus visitantes

a sentir en sus propias carnes el amor,

la ternura y la pasión… En su más pura inocencia.

 

El otro camino conduce a un mundo: de soberbia,

egoísmo, envidias y orgullo…

Donde los zarzales y las telas de arañas

te atrapan en su vientre y te llevan a las entrañas

de un profundo abismo

donde solo hay miedo, hambre y oscuridad.

 

Retando a sus creadores y saltándose todas las leyes

naturales

un grupo de hombres crearon su propio dios

como herramienta para dominar a los demás.

Se adueñaron: de los alimentos, del agua...

Y esclavizaron en nombre de ese dios vengativo

al resto de los hombres obligándonos a caminar

por el camino que conduce al mundo que hoy tenemos.