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andres fernandez ruiz

ECO

Hay palabras que permanecen,

igual que permanecen miradas;

la primera vez que se ve el mar

y cómo la ola le habla.

Ese tiempo es un ave

que se mece en la rama,

y cada nota de luciérnagas

se parecen los labios

amapolas del alma.

Pero sé que los ojos

tornan sombra,

y el llover no es a mojado

que la tierra empapa.

Y sé que los pechos

no inflan detrás de la almohada.

Sé cómo me llamo,

se cómo te llamas...

y sé que solo fue un eco

que se equivocó de montaña.