JOHNNY MONTENEGRO

PREMONICIÓN

Su rostro era una falsa mueca de felicidad;
Y su mirada taciturna ya poco escondía
su incógnito padecer…
en su alma agreste henchida de ansiedad
¡Aquella su melancolía!
era un eterno atardecer.
Su infausto lamento se delataría
en la desdeñosa rima de un verso;
entonces su muerte expresaría
¡Inverosímil! su destino adverso.