pablo beltran

ESENCIA DE LA VIDA 4

Extraños, los dos,

en divergencia de momentos;

y  así,

y tal vez de siempre...

¡extraños!

 

¡¡Como el ímpetu y la apatía

en cautelosos cuerpos amantes!!

 

Quizá él,

Señor de la mirada,

esclavo de belleza;

Dueño de vanidades,

instrumento inquieto en miedos.

 

Creador de recurrencias.

Hacedor de seres

que llevan un pasado.

Soñador, de pronto, extraviado.

 

Y ella, alma de mis nervios,

libre cuan viento a nubes

transparente lozanía sentida;

himno de tonos silenciosos

fuego sin tardes ni tempranos

¡Suspiro del no verosímil!

Sapiencia al presente

en forja de la nada.

 

Pacto sublime,

cual día y noche, si y no conjugan

desmoronan el tiempo icástico;

unidos, y aun así, raros

tornan el momento entre clamores.

Crean aquello pronunciado: vida.

 

A tales inventos y compendios

se desvanece mi cuerpo, se marchita:

nacido en aceros, tornase en herrumbres.

Mientras,

quieta el alma, botón de primavera

le mira en desdeño, condescendiente,

en caricias de inconsciencia

le consuela.

 

El instante

al extraño se aproxima.

Ella, atenta se repliega.

Reza. Y con apostasía, concede;

en propuesta

¡sacrílega pasión, juntos proceden!

 

Persisten las dádivas.

El poema sublime

en ilación de entrega, nace.

Un salvaje suspiro

y el alma

sumergida en este acápite

¡con éxtasis! al viaje,

blanco vestido consorte.

 

Prorrumpe ella

de mi enmudecido cuerpo,

fulminado en verdugo traicionero:

¡¡el instante!!

 

¿Eterna ella?

No se comprende,

se conoce refinada.

Es extraña,

sideral .. o quizá, nada...

 

Y las sombras que dejé,

con mi despilfarrada alma,

prosiguen.

Vencer

el terminará

con sus almas…

me reviven.