Javier Gamboa Panevel

La Libertad de un Reo

 

 

Libertad de un reo.

Por: Javier gamboa panevel

15-04-2017.

 

 

La señora…De unos cincuenta años de edad; desde tan cerca como se le permitía, con desesperación y emocionada, no desviaba la mirada de las pesadas puertas de la cárcel. Era la hora prevista para que Alfredo, su hijo, saliera libre, después de haber cumplido una pena de seis años por haberse involucrado en drogas.  Pesada y lentamente comenzó  a mirar la luz que las puertas dejaban colar  desde adentro de la casa de las purgas de penas. Un carcelero abría cada una de las puertas,  y  armados,  quedaban muy vigilantes. Desde afuera,   podía verse  el  lento caminar de Alfredo, que en pos de su libertad, se acercaba a la salida.  De nuevo, habría de enfrentarse  al mundo.

Alfonsina, Madre de Alfredo;  Corre hacia él con los brazos abiertos. El corre para encontrarla. Ambos se funden en fuerte abrazo. Los ojos de madre e hijo se llenan de lagrimas en un silencio que sólo lo rompe el sollozo.  Fuerte el sollozo. Fuerte el abrazo y un torrente de lágrimas que humedece los hombros y fortalece el  lazo…Con gran esfuerzo comienza a deshacerse el nudo que  ambos tienen en la garganta…Balbuceante, Alfredo, pronuncia su primera palabra.-Madre. Madre querida. Cuanto te he hecho sufrir. Sé que cada noche, en tu almohada, has hecho un lago de llanto.- Alfredo, rodea   con sus manos la cara de la madre y con suavidad  la acerca para besar su frente; deja caer sus manos en hombros de la madre, deslizándolas suavemente por sus brazos hasta alcanzar sus manos, y juntando ambas entre las manos de él, las lleva hasta sus labios. Amoroso. Cubre de besos las manos de Alfonsina y cae lentamente de rodillas ante ella. Con voz entrecortada, Alfredo dice:- Perdóname, madre. ¡Cuánto sufrimiento te he causado! No oí   los consejos que sabiamente tantas veces  me dabas. Y ahora madre, te prometo  que no he de abandonarte nunca más en la vida, solamente tú me has querido y sólo tú has venido a las puertas de esta horrible cárcel para recibirme.  La madre otorga y calla. Fundidos, en un abrazo que apenas les permite caminar. Van camino a casa…

El barrio está desolado y el rancho  de Alfredo rodeado de silencio. Aben la puerta. Desde adentro unas voces gritando con gran emoción  ¡Bienvenido  Alfredo!  Dos hermanas, un hermano y la novia de Alfredo, con los brazos abiertos, corren hacia él. Hay llantos de alegría y emotivos abrazos. Es un tumulto de personas alegres, todos quieren abrazar a Alfredo y Alfredo quiere abrazarles a todos. Concluido ya el sublime momento, comienzan los individuales abrazos. Se acerca  Luisa, novia de Alfredo. Ambos se abrazan enternecedoramente. Luisa ofrece sus labios a Alfredo. La pareja se funde en un beso que parece ser  eterno, no quieren separarse el uno del otro.  Unos instantes después, separándose de Luisa, Alfredo grita con visible emoción  ¡Los amo, los amo a todos!

 

II

Todos, sentados a la humilde mesa, disfrutaron de la también humilde pero divina comida que habían preparado en honor a Alfredo.

Cualquier historia parecida es pura casualidad.