José de Jesús Camacho Medina

Abrazo de mi Hijo

No hay regalo mas preciado que tú abrazo...
¡Querido hijo!.

Es una brisa eterna, color paraíso.

No hay mayor recompensa
que tus pasos recorriendo la banqueta
para ir a mí encuentro
después de una jornada inquieta
después de que nos separó el tiempo.

Me regalas tu sonrisa
mi aliciente
mi combustible del día
mi arma secreta
(¿Cómo crees que combato a las quimeras?).

Tu estampa es el coro de música celestial
que resuena en mis agobios
para ampararme de las penas
y exiliarme de toda duda.

Nos fusionamos en un abrazo;
tierno,
calido,
sincero,
que rebasa los umbrales del alma,
del espíritu,
de la belleza.

Eres llave;
para que de la dimensión etérea me abra su puerta.

¡¿Qué más pido a la existencia?!

Me doy por satisfecho...

¡Pues te tengo a ti!.