Marner

Mía

Es cierto, te he tenido más de tres veces. Me he acostado en tu pecho y te he besado toda. Pero ayer; ayer fue distinto, lo sentí mágico, real.

Habías sido mía por un par de horas, hasta ayer en que dormiste a mi lado cuando se metió el sol y salió de nuevo. Te pegaste a mí, aún con la ropa puesta, y usaste mi brazo como almohada. Hace tiempo no te sentía, y estando cerca me pegué a tu cuello y lo besé lentamente, hasta bajar por tu espalda. Acaricié tu vientre plano y subí hasta meter mi mano bajo tu sostén. 

Te estremecías lentamente, y entonces te volviste hacía mí y me diste un beso, bajaste tu mano para ponerla en mi sexo y luego la llevaste a mi pecho. Mi ropa interior cayó aun lado del lugar donde yacíamos y tú también te quistaste la ropa, no nos esperamos, lo deseabas como yo, y yo queríá darte amor y placer.

Besé tu boca, tu cuello hasta bajar por tu espalda, tus nalgas y tus piernas y luego subir a la parte más caliente de tu cuerpo que estaba húmeda de deseo. Me subí a ti para besar tus otros labios. Después tomaste mi cabello mientras  gemías y movías las caderas, y yo estaba sudando a goterones.  Ni el clima pudo calmar este infierno que me haces sentir, te hice mía, como  todos los días y a todas las horas quisiera hacerlo. 

Luego tú me diste tu amor, hasta que te llamé y te acosté en mí y te dije que quería abrazarte y besarte. Además de decirte te quiero en pleno acto y después de terminarlo, haberte dicho: te extrañaba. Y la verdad es que era cierto, te echaba de menos, amiga.

Y nos decidimos dormir, y estábamos sin ropa alguna, con sudor en el cuerpo, te pegaste a mí, tomaste mi brazo como almohada mientras enlazabas mi mano a la tuya y la otra la ponías en tu seno. Estaba felíz, como cada día que eras mía, aunque esta vez un poco más.

Una sábana rosa nos cubría, y yo no pude dormir las horas siguientes porque quería observarte, ver cómo soñabas. Levantaba las sábanas, y tu cuerpo hermoso estaba junto a mí, tu piel limpia y húmeda; tus nalgas redondas y grandes. Pasaba mi mano por toda tu silueta, desde tus hombros a tus piernas, tu pequeña cintura, tu cuerpo de sirena.

Eres bella aún dormida, perfecta. Y sentiste frío y te abracé y te uniste a mí con más fuerza. Hasta que amaneció y sonó mi telefóno. Después de colgar comencé a ponerme la ropa, tú te estiraste y emergíste de las sábanas para preguntarme: Te vas? 

Y me recosté una hora más a tu lado, después de que te pusiste la ropa y te besé. Y cuando se llegó la hora te dije adiós en aquel autobús.