dicoga

Hielo

Cuando no haya luz en las farolas
y agaches triste la cabeza,
y la lluvia de las nubes se derrame,
y parezca que las gotas en la acera se congelan.


Cuando sientas que estás sola
sin nadie que te proteja,
y las dunas de tu cama no te arropen,
y parezca que las olas de tus mares aceleran.


Cuando allá afuera las tormentas griten,
mientras riegan cementerios de tiniebla;
y las tumbas de la culpa tiemblen muertas,
y parezca que la bruma de tu piel aún más te quema.


Cuando creas que nada sabes
y no sepas nada que no creas,
y en el vaho de tus cristales truenen
vendavales de un reloj que no contesta.


En lo nocturno de la nocturna noche,
en la noche en duermevela que oscurezca;
oirás los versos entre líneas, entre letras,
y las letras que entre versos se te enredan.


Que no son más que falsas esperanzas,
esperanzas que en el viento vuelan,
que se cuelan en tu mente y la retuercen
en un tiempo al que la niebla desvanezca.


Entonces, en aquel instante,
en aquel momento triste de certeza,
sabrás que nada es aquello que parece
y que a nada, nada hay que se parezca.


Sabrás que no hay sentido
más que sentir tus latidos cerca;
y que no existe el olvido
si el recuerdo es la ceniza de tus penas.