Experiencia no implica conocimiento… Podemos pararnos un momento a pensar que es lo que consideramos de nosotros mismos. Que nuestra mente abarque todo nuestro ser desde el cuerpo al alma, ver la profundidad de cada una de nuestras palabras y dar una conclusión exacta de lo que significa cada una de ellas. Después de que reconozcamos, estudiemos y analicemos cada uno de esos perfiles que vamos a ir encontrando de nosotros mismos, los cuales vamos a ir organizando por tiempo, calidad, gusto y significado, llegaremos a un punto de flexión en determinar subjetivamente que es lo que queremos hacer con todo eso que ya hemos encontrado. Acompañando todo eso también con las preguntas frecuentes para darle un toque de sencillez y humildad al oficio que le hemos dedicado tanto tiempo, quizás podríamos preguntarnos ¿Por qué? ¿Cómo? ¿Cuándo? ¿Dónde? Preguntas que son tan sencillas que hasta un niño puede contestarlas, ¡Ah! pero ya no somos niños, somos un cumulo de emociones que va formando parte de un mundo que ha perdido todo ese misterio que lo hace tan emocionante, tan frecuente ya es para nosotros creer tener la razón; esta que importunamente se arma de prejuicios suficientes como para arrancarnos nuestra inocencia y establecer en nuestro pensamiento lo cínico que somos. No es utópico admitir que estamos equivocados, pues, vaya que lo estamos, ¿Pero que se va hacer todo eso? Simplemente yo no quiero tener la respuesta.