Inexistente

Umbrío camino hacia la triste nada.

Umbrío camino hacia la triste nada
lánguida piel bajo norias del ocaso;
enervado, adoleciendo de un abrazo
¡Ay del día! Sin su inherente alborada.

Arrastrándose atado en su pasión muda
rocío en sudor sobre las hojas negras
en su rastro de dolor sobre las piedras
¿No existe cristiano alguno que lo acuda?

Abre su paso entre senderos de hormigas
transgresoras, escapando del castigo
llevándose de su pan, sus propias migas.

Exclama el cuervo al que la soga acaricia
en medio de las sombras, nada de abrigo
su clamor, en mustia paz se desperdicia.