Alberto Escobar

La Última Cena

 

 

El vino amargo
que el cáliz enfatiza
Harto lo pago
sin gozar tu sonrisa.
tu sonrisa alba
que el vino dulce tizna
de fina malva.
La gangrena de tu vino
me emborracha hasta el aliento
Me desgrana hasta el viento
que viene a silvar mi sino,
que derrama profecías
que en lo íntimo me hacías
sobre nuestro amor divino.
Magdala de luces que me tienes en vilo
Me amilanan tus argucias, que salpimentas
al arrullo de la fogata que me acaricia con
los rescoldos que quedan tras la noche.
Me siento estraza que manchona la ventresca
cuando surco el mapa del tesoro que tu piel
me despliega sobre mis sábanas de marfil.
Quiero que esta noche seas aquella pupila
de Jesús que con su pelo trigueño enjugó
el agua bendita de sus cansados pies.
 

 

Quiero ser tu manuscrito, la cifra de tu goce supremo.
Aspiro a confundirme entre la turbamulta que injurió
la sangre derramada sobre la verónica, aquella noche
en que el vino se hizo aceite sobre el regazo de los
apóstoles.