Inexistente

Cuando la opción es ceder.

Cada día es una nueva versión, aun en los mínimos cambios,
muchas veces nos deja una lección;
en nuestras propias humanidades, o en la materia neurónica de los otros.
Hoy es una mezcla de seres que viven y viajan apresuradamente;
(queriendo desaparecer en un día, lo que costó treinta días de sudor, cansancio,
hasta lágrimas)
de pensamientos turbados y egoístas comportamientos,
egos crecidos y descortesía, tensando de frente a la sensatez
y la paciencia que se resguarda en algunos.

Ir y venir de carros, y gente que rueda sin ruedas,
miles de propósitos en mente.
Las calles y mercaderes hoy son la rémora del espacio de todos;
una cuerda que tira y encoge
(Que me recuerda al niño de aquellos tiempos,
cuando yo formaba parte de un grupo, desde una punta,
y otros del otro lado, ambos halando con todas las fuerzas,
sin que nadie quisiese ceder,
y el ímpetu daba paso a contiendas de infantes).

En estos tiempos, donde el calor conspira sofocando las mentes,
(con cada necesidad por satisfacer y luchas por la sobrevivencia)
solícitas son las palabras mayúsculas, en hileras que parecen no tener fin
y madres ausentes que salen desde las bocas,
hasta la amenaza con tomarle medida a los puños, asoma.

Por suerte o necesidad imperiosa, alguien termina cediendo,
y en un santiamén todo ya se resuelve.
¿Por qué no ceder en el momento preciso
para ahorrarse la tempestad?
¿Acaso cierto es entonces -por el instinto-, que somos la supremacía
dentro del reino animal?
El caos está a la orden del día. En el menor momento
se velan los atributos que nos ubica en el status “civilizados”.