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Raiza N. Jiménez

Disimulos.-

 

 

Espejos que reflejan las intimidades del ser, de un ser

que no se quiere mostrar, me acosan, aunque no los mire.

Y, aunque no los vea, ellos,  con su magia me aprisionan.

Esquiva y, a hurtadillas, me deslizo para evitar ver mi sombra.

La real o la incierta, esa otra que, traviesa, de mí se oculta.

 

Sueñan mis sombras, ya que las acuno en los reflejos

del cristal. Victimizadas por mis miedos, se escapan o

las echo de mi mente. Sufren el fulgor gris del destierro

en mí ahora, porque  tengo temor. Bocanadas de denso

aire, limitan el respirar fluido: estoy clara que es miedo.

Mi pecho triste, ave de largas alas, sufre, quiere ir a volar.

 


El destierro terrenal me abruma en las noches sin luna, en

las noches tristes. Escribo con los dedos en el aire, estrofas que

emulan a la música sacra. Rezo, a todas las horas y deshora,

en espera de respuestas que no veo. Es la angustia de un ser

sin rumbos, sin tiempos y sin testimonios, que nada sabe de sí.

 

No hay inocencia, pero sí, mucha ignorancia solapada en el vuelo.

En las orillas estériles del río que estrena su sequía, suelo dejar

mis despechos , ilusionada con las aguas que arrastrarán la alegría.

Soy como barco perdido en las tinieblas pavorosas del mar adentro.

 

Dolor siento, al ver mis cándidos puertos  cual cruz de noche oscura.

Toda la alegría se fue con pasos lentos y valientes buscando la vía.

Soy sujeto sin espacio conquistado, mi deseo es apresar la fe.

Me ocupan las razones y sólo el mundo me apremia a conocer.

Alma yerta es la que me apremia a volar por las esferas celestes.

 

¡Cuánta iniquidad obligante se desnuda, para obligarnos a ser

un reflejo de aquello que pensamos, podríamos ser!

 

Raiza N. Jiménez/10/02/2017