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Heiner Valdivia

nada es pequeñez

nada es pequeñez

si soportamos

el paso de la ciudad atestiguada

donde siempre nos aferrábamos

a una bota de goma

a una sombra palpitada

empañándonos hasta el cuello

ese detalle de vapor sumiso

y nos sentimos incapaces de rebanar el agua

hacia sus vertientes de lluvia apagada

hacia sus flácidos hornos

 

es dejar que los pasos abriguen sus temores

que confundan a una fiera

mínima con lo que somos

un reluctante signo entre la frente

 

y nada sentimos si soportamos

el ruido espantoso

donde acogemos

a alguien moribundo e insensato

y sentimos otra partitura

de recelo entre los muslos

de gritar las mismas persecuciones

los fantasmas circulares

el bastón sosegado

la hogaza del pan

el rotundo naufragio

mientras las vestiduras se descosían

en la fina rotura de la inocencia

y nada nos deparaba

el sol exangüe que nos lamía las esquirlas

de vidas ocultas y extintas

de cuando éramos niños inaudibles

bajo nuestras posturas de arañas desfasadas

donde siempre nos acogíamos

a un animal huidizo

y nos sentíamos humillados

de vivir en la cima

casi en su totalidad encubierta.