Parece que, calladas, tus manos son mis manos,
y que, en este frío silencio, mis ojos son tus astros.
Dime, mar, si soy mar cuando tu soledad me habita.
Déjame en tu dolorosa espuma dibujar mi cielo.
Ahora que en tus orillas mis huellas marco
siento con vehemencia mis pies cansados.
Soy mar, ¡sí!, soy mar -lejano- creado y creador,
soy mar -en cada orilla y cada puerto- desterrado.
Parece que palpitas, mar, en mi corazón cansado,
y buscas fuerza en el amor marchito de mi alma.
Ya te has ido, y parece que vuelves a darme vida
como a ti, -nuevamente...- te compadezco mar distante.
Clava en mi pecho tu lamento: eco perenne.
Deja en mi alma un jacinto herido: nube de mar.