argantonio

Escribió un libro, pero no plantó ningún árbol

Existía u poder omnímodo

que sustituía a otro poder total,

para cuidar del harem imperial,

otros fueron obligados a abandonar

los libros, incluso las gafas por ser

burguésas.

Ellos los representantes del pueblo

obediente al plan quinquenal, y a la muy

loada revolución cultural.

El libro rojo de Mao, un remedo de poeta

como cualquier desiquilibrádo mental.

Como cualquier dictador

por la gracia de Dios, murió en su paz

de cementerio, sin tener conciencia de

ello, allí está muy serio y tan formal en

su predio terrenal.