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Solo un té.

Solo un té como ultimátum,
un adiós que flota en el llanto,
a lo lejos la hojarasca reza
por los pies que la olvidan.

Las palabras son dardos
atravesando el espacio
entre el amor y el odio
por los dos desconocidos.

Solo un té nos queda
para olvidar que te quise,
un trago del deseo
y otro por el sexo.

Nos llama el orbe
en el séptimo cielo,
se quedara guardado
el amor que disfrutábamos.

Tu rostro de marfil
viajará en mi pecho,
en los bosques del infierno
atravesare las lunas sin tu consuelo.

Las ultimas risas emanan de tu boca,
después de absorber con paciencia
el último trago del amor que plantamos,
tiemblan tus manos y mi voz se corta.

Los ecos de la sombra
nos hunden en el silencio,
sigiloso momento
que se presenta en el profundo llanto.

Te quedas mirando mi rostro
asustado, temeroso
por la vera que llega
al mar de los olvidos.

Mi boca tiembla
arrojando un te amo mudo,
por las partículas que nos rodean
eres todo y soy nada.

El adiós se acerca,
volaras a otra libertad,
ensancharas a otro
con la pasión de tu bondad.

Pasa el rumor del segundero,
mi mirada clavada en el abismo,
unas gotas de líquido quedan,
tu ansiosa quieres que lo ingiera.

Movimiento lento en mis brazos
vierten el té en mi boca,
arde el sabor por la derrota
pues te alejas sin demora.

Quedo varado en medio del universo
contemplando la vida y la muerte,
sorprendido por las luciérnagas
que encierran mis suspiros sin suerte.

No puedo terminar con esta inmovilidad
mi alma no desea más,
pero queda un sendero largo de soledad,
caminante soy ahora, andando hacia tras.

Torpes pasos comienzan el recorrido
por las tinieblas del dolor,
contemplando la marcha del amor
y así termino mi té con tu adiós.