Paseando vanidades
Paseando vanidades.
—¿Y qué… si me miro en un espejo? —me preguntas,
mientras caminas distraída, arreglando tu cabellera.
Congestión de autos, miradas furtivas
y un festín de risitas inevitables.
—¿Y qué… si me miro en un espejo? —
replicas de nuevo,
al contemplar un rascacielos
de vidrios pulimentados:
peces que tornasolan
escamas entristecidas.
Festín de esculturas mínimas,
adjetivos cuasi-infinitos
puestos en un mostrador.
—¿Y qué… si me miro en un espejo
un poco más alto…? —preguntas,
si vamos juntos de la mano
por un jardín de estrecheces
y autómatas inseminados,
palabras que se equivocan.
Festín de manecillas locas,
cigarillo en tu boca;
festín de mis risas pocas.
—¿Y qué… si me miro en un espejo…! —
me gritas.
Y al instante de robarte un beso,
me dejas tus espejuelos:
festín de niña bonita
y bolsito de mascarillas;
dama, corazón de palo,
abrazos de sólo amago.
—¿Y qué… si me miro en un espejo…?
—me pregunto.
Y a una fuente de deseos
le lanzo tus moneditas.
Festín de curiosidades,
vanidades irresolutas.
Y en un silencio audible, te grito:
¡Basta! ¡Ya no insistas!