Adolfo Cano

SOY EL FRANCOTIRADOR

 

Mi trabajo

lo ejecuto rigurosamente solo,

para asegurarme de no traicionar

o ser traicionado.

Oculto en las sombras,

Agazapado y alerta,

Mis ojos felinos, sin parpadear,

miran desde mi sombría soledad:

Puedo observar sin ser visto,

Puedo oír sin ser escuchado.

 

Quieto y rígido,

soy parte del paisaje

Y mi cuerpo de reptil se dispone.

Mi respiración

fluye suavemente a intervalos eternos.

 

Mis manos tensas y firmes,

Asidas a la muerte de acero que siempre me acompaña,

Se apoyan para evitar el movimiento

Repentino

Provocado por los espasmos

de mis nervios traicioneros.

Sin corazón en el pecho;

Con la mirada fría

a través de la mira telescópica de mi ángel guardián,

Espero tú descampado mortal.

 

Seguro y decidido,

Centro mi atención

en el más mínimo parpadeo de tú cuerpo

para no fallar en la acción encomendada,

dispuesto

a apretar el gatillo

y lanzar contra ti el proyectil de la muerte.

 

No se quién eres;

No sé qué haces;

No sé lo que piensas

Ni tampoco el porque tengo que matarte.

Solo se que eres mi objetivo señalado

-Y eso me es suficiente-:

son ordenes recibidas.

Mi misión no es negociable;

No tiene precio;

no tiene explicación

ni retroceso

 

Debes ser asesinado

Marzo, 2015