Adrian Labansat

EL LIBRO HABLABA DE CIERTAS EMBARCACIONES

 

 Es lunes

se peinan las ventanas,

la tarde se pone su traje gris,

descansa sobre su almohada rellena de melancolía,

un libro  habla de barcos que se hunden en la vida.

 

La desolación naufraga alcanzando las islas,

poniendo rumbo entre los huesos, hasta la orilla de las almas.

 

Plantas acuáticas fueron bordadas por los otoños, 

alguien las ha arrodillado en los horizontes

esperando se olvidaran de mí.

 

Por la humedad carcomidos  barcos

viajan a los lagos de la vida,  

llueve y la lluvia desboca a los ríos,

buscan  el corazón   del piélago

donde el hombre se hunde,

horas altas de una marea de ripios

donde solo queda el vapor de buques. 

 

Faros rotos conducirán  embarcaciones oscuras hasta una bondad invertida,

en cercanas tierras el odio será capitán,

atolón vengativo y atormentado,

mar en ruina,

hiere contemplar los litorales. 

 

Las miradas recorren naufragando su destino,

manuscrito guardado en marítimas entrañas

donde el hierro de los ocasos se funde para ser eslora desolada.

 

La  huella se sostiene sobre las olas,

en las crestas duermen sombras de gaviotas

advertidas por la luna, desnuda luz de lira de silencios,

hombre afligido sobre la arena,

se izaron ya todas sus olas,

oscilan sus restos en un mar apagado de lunas.

 

Castillo liquido, arena que se derrumba,

están destruidos

todos los faros,

todas las olas,

todos los navíos,

todas las islas,

los otoños se han quedado mudos

las plantas acuáticas me han olvidado

arrodillado en el horizonte

la borrasca ha dispuesto su calma

mirando la mirada de un sueño que se ahoga.

 

Ya casi es martes…

se han helado  las manos y las velas en las embarcaciones,

su abanico lo recuerdo, hizo volar el calor en la cubierta como a un insecto,

puedo recordar lamer la miel en sus pechos

para perderme en medio de sus caderas,

desde niño juego a los barcos que zarpan.

 

Alguien abrió las escotillas y mis venas se están desangrando,

es preciso destruir el propósito de los faros,

ahogarnos en la locura en medio del mar y la tierra

hasta que el silencio deje de ser el viento

hasta que se pierdan las banderas en los barcos

y su estela que aguijonea por buscarnos

aunque con las gaviotas me encumbre no habremos de encontrarnos

solo eres un pirata sobre un galeón fantasma

no he de hallarte, varados habremos de evocarnos

guardaremos este sueño  adentro de una botella

hasta que alguien lo encuentre

y recorreremos el infinito circular del mar y la tierra.