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Joan Desobediente

Sabe a mierda el mundo.

Sabe a mierda la idealización, el amor, la enemistad; sabe a mierda las ganas de vivir, sabe a mierda la inmoralidad, esa que invita a reducir el ser, a dejar de pensar, a dejar de ser libre, a caer en una jaula y dejarse morir. Entonces no sé qué es peor, si vivir bajo esas condiciones o intentar volar de allí, eso sí, con dos enormes rocas amarradas a tus alas. Ese mundo condicionado por reglas, estipuladas por quien en su momento tomó el lugar de Dios y le mintió a todos.

El cansancio es notable,  los lamentos son más frecuentes como también el que todo te estorbe, te harte, te saque de quicio, no te deje pensar en más. Es como una enfermedad (pienso yo), que todos los días crece, allí, adentro, en el fondo, donde nacen todas esas nociones de amor, de servir, de ser mejor y que por lo mismo, ya ese tipo de emociones y pensamientos no florecen más.

¿No te cansas de ser siempre cohibido, de actuar bajo normas y principios que no te son propios, de vivir con miedo a fallar, de vivir con miedo a ser castigado por lo que eres, por lo que quisieras decir, por ser tú?. Al parecer amamos ser domesticados, amamos que nos muestren el camino y nos digan que hacer, amamos todo en cuanto nos aleja de nosotros mismos, amamos ser aceptados por la moral de una sociedad, que nada tiene de moral. Ahora en este punto pienso, pienso en todos los años que he desperdiciado, todos los años que no fui, porque no estaba consiente, porque estaba aún en la minoría de edad (refiriéndome a Kant), porque no quería ver más allá. Simplificamos la vida en un accionar vacío, en un tener, en un fin de semana.

No comprendemos el arte, no comprendemos la paz, cantaba cancerbero. No somos más que la leña de sus chimeneas, somos la batería de sus máquinas, ¿no se les parece un cementerio a un tarro lleno de pilas?, ¿no se les hace la vida demasiado simple? Hay que pensar que entre menos quejas tengas de ti, de tu vida, de lo que eres, menos desprecias ese mundo falso y estúpido.

Pero entiendo que ese trabajo nadie lo quiere, a nadie le importa, nadie lo pretende, nadie quiere salir de allí, es tan cómodo, tan fácil, tan vacío, porque todo se nos es dado, porque ya nos ahorraron esa tediosa misión; ya su mundo, su trascender, fue preparado, fue dictaminado, porque Dios ya sabe que es lo mejor para cada uno de nosotros.

Ojala yo nunca hubiera salido de ahí, pero tal vez elegí este sin sabor, este pequeño vacío en la pansa, pequeño pero eterno, pesado, doloroso, eso sí consiente de aquel dolor, sin nada más que la tristeza y el afán por que todo sea diferente, con la cabeza agachada, pero no por sentirse menos, más  si porque nadie entiende lo que se siente ahí.

Y ahí está la diferencia, la diferencia entre ellos y yo; ellos los de allá, viven feliz.