Raiza N. Jiménez E.

HE VISTO.-

 

¡Oh Dios,  nada me queda por ver!

 

Vana soberbia la mía, que osa creer.

Mil veces, en mi eterno enredo asumo,

para luego confesarme con mi alma e

intentar un acto de comunión que no

consigo, porque me invaden las dudas.

 

¡La vanidad es el prefacio del engaño!

 

Yo solía decir: Señor, he visto de todo.

Cuánta pérfida jactancia hay oculta en

tal aserción, cuánta avaricia del saber…

Insolente osadía que envilece, es la mía.

Los gritos gruñen y el dolor me apena…

 

¡La trampa está en la futilidad del dogma!

 

He visto los llantos propios y los ajenos

y he llegado a pensar que son distinto.

Pero, no, el cauce de ese arroyo diáfano

sigue la misma ruta inclinada y es fuente

de dolor que excita la ablución del alma.

 

¡La pena deviene de la negación de un otro!

 

Nada es vecino o lejano si señalo al ser, si

hablo de ellos, los otros, o me refiero a mí.

En el dolor somos distantes y en la alegría hay

temor y celos; sufrimos, no oteamos a la muerte

y morimos en desaliento y aflicción por miedo.

 

¡Todo lo humano nos ocupa y, aquello que rebatimos,

nos es más propio que lo que pensamos es ajeno!

 

Raiza N. Jiménez/ 14/11/2016