José Antonio Vilela Medina

Sincera confesión

Tus labios encarnados,

cual pétalos de amapola.


Tus senos cual montes
nevados de miel diáfana,
para el infante en la cuna.


Tu vientre tan profundo
como el océano, da placer y
da vida.


Te pregunto mujer:
¿quieres estar conmigo
para el resto de la vida?


O es tal vez tu cariño
efímero pasajero como
la alondra, que una vez
llegado el frío migra
buscando el estío.


Te pregunto mujer:
¿quieres estar conmigo
para el resto de la vida?


No escuchas el ulular
de viento que, como yo
espera que sin dudar
tú respuesta digas.


¡Ah! Ya entiendo tú
silencio, no quieres un
cariño para toda la vida.


Quieres ser golondrina
que sobre mi cielo pasa,
pues yo mujer te digo
que te quiero para
toda la vida.